Fatiga al volante: la somnolencia triplica el riesgo de accidentes en carretera
18 de marzo de 2026Los accidentes de tránsito siguen siendo una de las principales causas de lesiones y muertes en Ecuador. De acuerdo con cifras de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), cada año se registran decenas de miles de siniestros viales en el país, muchos vinculados a factores como distracción, exceso de velocidad y fatiga.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que conducir con somnolencia reduce la capacidad de reacción y afecta la toma de decisiones de forma comparable al consumo de alcohol. Asimismo, diversos estudios internacionales estiman que dormir menos de seis horas puede aumentar hasta tres veces el riesgo de sufrir un accidente de tránsito.
En este contexto, especialistas en seguridad vial cuestionan el llamado “mito del conductor fuerte”: la idea de que la experiencia o la voluntad pueden compensar el cansancio. La evidencia científica indica lo contrario. La fatiga se acumula, altera la percepción del riesgo y puede provocar microsueños, episodios involuntarios de entre uno y cuatro segundos en los que el conductor pierde la atención.
A 90 kilómetros por hora, tres segundos con los ojos cerrados equivalen a recorrer más de 70 metros sin control efectivo del vehículo. En carreteras interprovinciales ecuatorianas, donde los trayectos largos son frecuentes, este fenómeno representa un riesgo crítico.
Pero la somnolencia no aparece de forma repentina. Señales como bostezos constantes, dificultad para mantener los ojos abiertos, visión borrosa, irritabilidad, desviaciones leves del carril u olvido de los últimos kilómetros recorridos son alertas claras de que el cuerpo necesita descanso.
En sectores productivos como transporte de carga y comercio, donde las jornadas extensas son comunes, la cultura de “resistir” el agotamiento aún persiste. Sin embargo, expertos coinciden en que la verdadera responsabilidad vial implica reconocer límites físicos y planificar pausas.
Entre las recomendaciones básicas para prevenir la fatiga al volante están dormir entre siete y ocho horas antes de viajes largos, realizar paradas técnicas cada dos horas por al menos 15 minutos, evitar conducir en horarios biológicamente críticos —entre la medianoche y las seis de la mañana— y alternar conductores cuando sea posible. Las siestas breves de 20 a 30 minutos resultan más efectivas que recurrir únicamente a café o bebidas energéticas.
Más allá del impacto humano, los accidentes asociados a cansancio generan consecuencias económicas: gastos médicos, daños materiales y pérdidas productivas que afectan tanto a familias como a empresas. En este escenario, el descanso deja de ser un asunto personal para convertirse en un componente clave de la seguridad.
La prevención comienza antes de encender el vehículo. En carretera, reconocer la fatiga y detenerse a tiempo puede marcar la diferencia entre llegar a destino o convertirse en parte de las estadísticas.
Fuente: Seguros Alianza.